
Con frecuencia, hemos oído o expresado la siguiente frase para justificar cuando nos sentimos agraviados ante un comentario aparentemente inofensivo por parte de alguien: “no es lo que me dijiste, sino el tonito”.
Pero, ¿a qué nos referimos con “el tonito”? Popularmente se relaciona esta expresión con la intención que subyace por debajo de las palabras que alguien expresa, en particular cuando la voz transmite un mensaje diferente al comunicado verbalmente.
En el blog científico “El Club del Lenguaje No Verbal” [1], Sara Carreño publica un estudio que revela que “la voz en sí misma, puede transmitir información tanto del estado emocional del hablante como de sus intenciones sociales”. Por ejemplo cuando alguien dice a otro: “¡Vaya, tan puntual como siempre!”, con una expresión de ironía en su voz (y en su cuerpo), que está totalmente divorciada del significado literal de las palabras.
Dicho de otra manera, “el tonito” se relaciona con la cualidad afectiva de un mensaje, la partitura emocional que acompaña nuestras palabras y que actúa en dos sentidos: es reveladora de nuestros pensamientos, emociones, intenciones y probables acciones, y a la vez, genera reacciones-acciones favorables o desfavorables en nuestros interlocutores.
Para profundizar en el origen de la frase “¡es el tonito!” y la valiosa sabiduría popular que encierra, adentrémonos en algunos conceptos sencillos de la física acústica.
La voz, como todo sonido,es una vibración que se propaga en un medio elástico, constituyendo lo que se denomina onda sonora. Las características de la onda determinan las cuatro cualidades del sonido:
La altura o tono, determinado por la frecuencia de la onda. Entre más alta sea la frecuencia, el sonido será más agudo, como es el caso de las voces de las mujeres y los niños. La voz de los hombres tiene una frecuencia más baja, por ello es más grave. Para efectos de la expresividad vocal clasificamos tres tonos: tono agudo, tono medio, y tono grave.
La duración: Es el lapso durante el cual se percibe un sonido. Está determinado por el tiempo que dura vibrando el objeto que produce dichas ondas. Desde esta cualidad los sonidos se clasifican en largos y cortos. Como recurso expresivo lo traduzco en las variaciones de velocidad y el manejo de pausas interpretativas. La combinación de estos dos recursos nos dará un manejo de las palabras rápido, moderado y lento.
La intensidad (o volumen): Está determinada por la cantidad de energía de la onda, que se traduce en amplitud de la onda. A mayor amplitud el sonido es más fuerte. Empleada como recurso expresivo distinguimos: intensidad fuerte, intensidad adecuada (según el auditorio, número de asistentes y la situación) e intensidad débil.
El timbre: Es la cualidad que identifica y distingue a cada sonido. Está determinado por la forma de la onda, que resulta de la suma de la vibración original (onda fundamental) y las vibraciones parásitas (armónicos) que se le unen. En el caso de la voz humana, la onda fundamental se produce en los pliegues vocales y los armónicos en las cavidades de resonancia. Entre más armónicos se le sumen la voz es “más robusta”, es decir más potente, vibrante y bella. Popularmente, el timbre es denominado el “color” de la voz. Desde el punto de vista expresivo, el manejo del timbre se traduce en caracterizaciones vocales, hechas por los actores, locutores e imitadores (la voz del anciano, la voz sensual, la voz de determinado personaje público o de una caricatura).
En la siguiente tabla establezco un paralelo entre las características de la onda (cualidad acústica), las características del sonido (cualidad vocal) y los recursos expresivos (cualidad expresiva).

Cada variación de los recursos expresivos vocales detona emociones diferentes, las cuales imprimen al mensaje versatilidad, dinamismo y, sobre todo, un factor de alta efectividad para persuadir, es decir, para influir sobre los interlocutores y audiencias.
Un aspecto que considero importante resaltar es que el tono es la característica más efectiva a la hora de suscitar emociones en quienes nos escuchan. De hecho, las voces comerciales mejor pagadas se caracterizan por ser recursivas y versátiles en cuanto al manejo de tonos. Por tanto, la frase “es el tonito”, es una acertada expresión que resalta el protagonismo de las variaciones tonales, cuando se trata de expresar nuestros mensajes subyacentes y generar reacciones en quien nos escucha.
Sin embargo, el tono es la característica del sonido que genera más confusión en su identificación, al punto de ser repetidamente confundida con el timbre. Solemos oír expresiones como: “¡Que tono de voz tan bonito!” cuando lo apropiado en este caso es: “¡Que timbre de voz tan bonito!”. La confusión más frecuente es con la intensidad o volumen. Esto se revela en afirmaciones como: “Tengo dificultades para que la gente me escuche, porque el tono de mi voz es bajo”, cuando la expresión adecuada es: “Tengo dificultades para que la gente me escuche porque la intensidad (o volumen) de mi voz es débil”. Y esta confusión se traduce comúnmente en que cuando una persona quiere hablar fuerte, no sostiene su tono óptimo, sino que emplean un tono agudo unido a un volumen fuerte, lo que da como resultado una voz estridente, casi chillona, la cual produce rechazo e incomodidad en la audiencia, máxime si se está empleando un micrófono.
Varios estudios actuales, centrados en la relación entre el tono y la percepción de liderazgo y poder, revelan que los tonos más graves (bajos) son favoritos, tanto por hombres como por mujeres, en términos de fortaleza, dominancia y posibilidades de ser seleccionado para un cargo o una posición de relevancia.
Por tanto seguiremos explorando en otros artículos las implicaciones afectivas, sociales y laborales que tiene “el tonito”.
Ivette Consuelo Hernández
[1] Carreño S. (2018). Reconocimiento de las claves vocales de la emoción y la intención social en adultos y adolescentes. Club de Lenguaje No Verbal. Recuperado de https://www.comportamientonoverbal.com/clublenguajenoverbal/reconocimiento-de-las-claves-vocales-de-la-emocion-y-la-intencion-social-en-adultos-y-adolescentes-club-de-lenguaje-no-verbal/
